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miércoles, 18 de enero de 2012

Bambino: por ti y por nosotros

"Aquella noche prendía el aire como un desgarro, aquel "tablao" se encendía con tan sólo tú mirarlo.
Cerró una ovación de flores, encarnadas y bermejas, y hasta joyas arrojaban mientras brindaban desde una mesa como quien sin tener nada entre jaleos su aliento deja. Y el sol se hundía en su letargo, y la noche despertaba: yo era un chiquillo y, sin embargo, mi corazón retumbaba cuando Bambino cantaba la rumba del sabor amargo.

Si pudiera convertirse en un regalo el amor escogería la forma de una joya o de una flor. No busques nada más bello: no existe. No tengas duda, pues las cosas más hermosas son para siempre o apenas duran...pues las cosas más hermosas son para siempre o apenas duran. Y el sol se hundía en su letargo, y la noche despertaba: yo era un chiquillo y, sin embargo, mi corazón retumbaba cuando Bambino cantaba la rumba del sabor amargo.

Y aquella noche, que el duende lo invocó un ángel gitano, se hizo cielo el infierno y al tocar por arrebato lo efímero con lo eterno, entre palmas, se rozaron. Y el sol se hundía en su letargo, y la noche despertaba, yo era un chiquillo y, sin embargo, mi corazón retumbaba cuando Bambino cantaba la rumba del sabor amargo.

De tan a gusto que bebo, de tanto apurar el vaso. De tan a gusto que bebo: de dar los tragos tan largos, termino bebiendo el poso y se me queda un sabor amargo." NV

viernes, 12 de noviembre de 2010

En el jardín de la duermevela

Esta noche vuelvo a percibir su olor,
hoy el cielo oscurece para mí
y allí crece perfecta.
La puedes ver brillar
a la luz de las estrellas en su jardín,
en el jardín de la duermevela.

Ella se convierte en una obsesión,
cada nervio se estremece en erección
al sentir su dulce aliento en mi garganta
y su cálida voz susurrar muy dentro de mí:
"Ven, fóllame,
ven a mí, soy la duermevela,
Ven al jardín donde el alma sueña"

¿No lo veis? Me ofrece su bendición
y su amor de muerte.
¿No comprendéis que yo ya no soy yo
cuando ella entra en mi sangre y me pone a morir?
Buscadme allí,
en el jardín de la duermevela.

El hombre gordo nos contaba
cómo él salió de la miseria,
pero un mal día lo encontraron
electrocutado en su bañera de oro y marfil.
Unos creen en la guerra,
otros en el paraíso.
Yo, por mi parte, sólo creo en ella.
Buscadme allí,
en el jardín de la duermevela,
en el jardín de la flor perfecta.

¿No lo veis? Me ofrece su bendición
y su amor de muerte.
¿No comprendéis que yo ya no soy yo
cuando ella entra en mi sangre y me pone a morir?
Buscadme allí,
en el jardín de la duermevela.

En el jardin de la duermevela
(en el jardín donde el alma sueña),
en el jardín de la flor perfecta
(en el jardín donde el cuerpo enferma),
en el jardín de la duermevela.

lunes, 21 de diciembre de 2009